Mi abuelo, trabajador en Random House, me dejó al morir una carpeta con escritos y recuerdos, entre ellos una hoja amarillenta con un soneto que había recibido de James Michener en 1968, cuando entregó el manuscrito de Iberia para ser publicado. Decía:
Entre cuchillos y fiesta, la condesa
Se quitaba el calzado sin cordura
Hemingway rechazaba el agua pura
La del Alba olvidaba ser duquesa
Ni Truman ni Graham se pensaron
Compartir con Galdós su gran Fortuna
Bebiéndose las uvas de una en una
Entre ricos manjares que allí asaron
Allí juntáronse pueblo y realeza
No busquéis bajo puerta ni ventana
Entre baldas, la alacena y tu cabeza
El secreto poco a poco se desgrana
Pues la fecha se tornará en certeza
Si al Barón te lo encuentras en jarana
En junio de 2025, preparando mi viaje a España para perfeccionar el idioma, recordé el viejo enigma y quise resolverlo. Descubrí anotaciones del abuelo que decían: “Truman Capote”, “Graham Greene”, “¿Duquesa de Alba?”, “Galdós”, “Hemingway” y “Condesa descalza ¿Ava Gardner?”. Metí esos nombres en la IA añadiendo “manjares” y “asados”, y ¡Eureka!, saltó la respuesta: “Restaurante Botín, Madrid”. A mis 22 años no podía entenderlo, pero busqué y comprendí. Esos personajes, también Michener, habían tenido en Botín su casa. Ya en Madrid, me fui al Restaurante y mostré mi descubrimiento. Indagamos en las alacenas y en una de ellas, que quedaba a la altura de la cabeza, al palparla con fuerza dejó al descubierto un secreter oculto con un carboncillo original. Era un caballero en las cuevas de Botín junto a varias mujeres y una leyenda: “1725, Ripperdá, banquete por la paz”. El Barón de Ripperdá había celebrado en Botín la firma del Tratado de Viena. Botín, en 1725 ya era testigo de la historia.